La temporada de Aves en Dgo. termina en

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Cazando osos en el sureste de Alaska

Oso 1.jpg

Por: Mike Schoby

Aunque la lluvia había parado momentáneamente, el viento era irracionalmente frío. Mientras que el bote abierto de 15 pies parecía que se movía a una velocidad vertiginosa. Tenía puesta mi capucha y la cabeza baja para poder soportar el vienta. El ruido del motor disminuyó su intensidad y sentí como desaceleraba el bote. Levanté mi cabeza y voltee para ver a mi guía, Brad. Mucho antes de que el bote se detuviera el ya estaba recostado en el asiento de atrás observando con sus binoculares viendo un claro cercano. Mientras yo saqué los míos del interior de mi chamarra, y le quité las tapas, Brad ya había visto a un oso negro comiendo.

Esto no me sorprendió mucho, el me había estado ganando encontrando osos toda la semana. Recostados de espalda, con los binoculares en los ojos, prácticamente me gritaba, “gané, gané” para después preguntarle en qué dirección buscarlo.

“¿Ves esas rocas grandes? Ve treinta metros a la izquierda.”

Después de revisar el área por algunos minutos, eventualmente un oso aparecía en el escenario, como si estuviera solo en el blanco banco de nieve, una vez que lo ves, es difícil imaginar que los osos son cualquier cosa menos fácil de ver, pero para ese entonces Brad me había dado instrucciones para aproximadamente 50 osos.

“Ese es uno bueno” dijo Brad.

Lo miré y estuve de acuerdo, orejas pequeñas, pelo largo, sin marcas, barriga grande, lo necesario para un trofeo de oso.

“Vamos a dar una caminata para verlo de cerca.,” dijo.

Fuimos hacia la orilla y nos bajamos lo más callados que pudimos. Miré a la montaña hacia donde lo habíamos visto por última vez, pero no pude, debido al espesor de los arbustos y al ángulo de la montaña. A la base de la montaña se veía muy desalentador en comparación desde el bote.

Después de un par de días de ver buenos osos, el que acabábamos de ver definitivamente había llamado mi atención. Nos hicimos camino hacia arriba. Entre piedras resbalosas, arbustos que obstruían mi visión y el grito de mis pulmones por la pendiente y el paso rápido que llevaba Brad. Si suena que me estoy quejando, no es así. Para mí, de esto se trata la cacería, y mientras más difícil sea, más memorias y valiosa se hace. Después de que acabamos de subir, tomamos una posición. A través de los binoculares, tenía una buena vista del oso comiendo, a través de un valle, a unos 250 metros de distancia. Tuvimos el tiempo suficiente para verlo desde todos los ángulos y tuvimos una muy buena opinión del tamaño y de la calidad de oso.

Me quité la mochila y la puse en el suelo para usarla de soporte. Descolgué mi rifle, le quité las tapas a la mira y me apoyé sobre la mochila. El Sako .375 H&H con cargas Remington para Safari tenía que apuntar 2 ½ pulgadas arriba a 100 metros, lo que significaba que a esta distancia tenía que apuntar 4 ½ pulgadas arriba para dar en el blanco. Desde mi mira, el oso estaba viéndome, sentado. A mí no me gusta hacer un disparo frontal, y hubiera preferido hacer uno de lado en el hombro, los arbustos estaban tan espesos que cualquier movimiento del oso desde esa postura podía convertirse en un acto de desaparición. Pero debido a que no había aire y tenía un descanso firme, decidí hacer el disparo. Apunté a la mancha blanca del pecho, puse presión en el gatillo, hasta que el rifle disparó. Mientras el rifle bajaba después de la patada, pude ver al oso recargado sobre su espalda, las cuatro patas pateando lentamente en el aire. Brad golpeó mi espalda y dijo “¡Felicidades, fue un excelente disparo!” Mientras estábamos ocupados dándonos la mano, y cómo pudimos darnos cuenta, teniendo una prematura celebración, el oso sacudió su cabeza y se puso de pie.
“Dispárale de nuevo”, gritó Brad. Disparé, y pude ver al oso tambalearse. Sin embargo en lugar de caer, continuó caminando, de hecho, comenzando a acelerar el paso. Corté cartucho y disparé nuevamente. Sin hacer mucha diferencia, mientras el oso escapaba y se perdía de vista.

“Yo marco el lugar donde lo perdimos de vista, y tu acércate al lugar y ve si lo puedes encontrar” dijo Brad.

Me tomó algunos minutos poder llegar al lugar donde vi por última vez al oso debido al abrupto terreno. Al llegar encontré manchas de sangre y ramas rotas por donde el oso había pasado. Me paré sobre un tronco, para descubrir como desaparecía el rastro de sangre entre la maleza. “Me alegra de usar un calibre que era lo suficientemente grande para dejar un buen rastro de sangre.” Pensé, ya que había disparado y ver a otros osos que con calibres menores no sangraban ni una gota.

Ya que había localizado el rastro, llamé a Brad. Cuando llegó al lugar, me dijo, “Voy a subir a ese montón de troncos caídos que están por allá para ver si lo encuentro, tu quédate aquí y dispárale si sale”.

La cima del montón de troncos estaba a unos 7 metros de alto. Brat se las arreglo para llegar hasta arriba y cuando llegó arriba se detuvo, volteo hacia abajo, giró hacia mí con una cara de felicidad. “Lo tienes, está aquí abajo, muerto.” Pero en lugar de decir “muerto” Brad solo llegó al “muer…” antes de que el oso gruñera debajo de él. Al mismo tiempo, los pies de Brad se resbalaron y pensé en las consecuencias de que Brad cayera sobre un oso herido. Cuando Brad vio que el oso se ponía de pie grito “Dispárale de nuevo.” A una distancia de unos 20 metros, con un .375 y una bala de 300 grain derribé al oso, pero instantáneamente se paro y comenzó a correo hacia el árbol más cercano y cuando había escalado unos 3 metros. Un último disparo en la espina derribó al oso y así terminó la cacería.

“¡Era un oso duro!” dijo Brad, todavía temblando por la experiencia.

Camino al campamento, con el oso asegurado en el frente del bote, la palabra “duro” vino a mi mente. Para ser una sola palabra, resumía a toda Alaska, desde montañas difíciles, océanos que no perdonan, hasta la vida salvaje. Pero es por eso que los cazadores y pescadores vamos ahí, ¿no es cierto? Para experimentar la vida como solía ser. Para admirar el mundo salvaje y respirar el mismo aire que hacer que el cazador de todo cazador lata.

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